sábado, 1 de septiembre de 2007

no soy una adolescente

Aunque aún me considere como tal en ciertos aspectos no puedo negar la evidencia: estoy en el punto medio entre los veinte y los treinta, demasiado mayor para decir veinteañera jovencita pero a la vez demasiado joven para ser una treinteañera de pro. Además ya he acabdo la carrera (¡por fin!), tengo un trabajo que podría proporcionarme una independencia que en el fondo no busco y amigos que opinan como yo en que ya estamos algo mayores para según qué tipo de marcha.

Mi hermana, de casi dieciséis añitos, no me ve como una persona adulta. Con todos mis tics y chorraditas, nadie diría que lo soy. Mi madre sabe que lo soy y que con ello ella se está haciendo mayor. Mi hermano... Mi hermano es un caso aparte; eterno adolescente de veintitantos tacos...

Tengo pareja estable desde hace más de tres años. Una chica preciosa, divertida, sexy y con sentido del humor. Tiene sus defectillos, pero como todo el mundo. Me hace reír, me hace enfadar, me deja sin sentido. Una joya, un diamante en bruto. A veces me planteo que no estaría mal vivir juntas, pero con el panoramo que hay es difícil planteárselo en serio.

Mi frikismo otaku ha ido apaciguándose con el tiempo. Mi afán por escribir también. Lo único que aún sigue al pie del cañón es mi pasión por la música. Quizás sea porque la música define a mi generación más que los videojuegos, que siguen también gustándome mucho.

Me gusta el anuncio de Coca Cola. Me dedica de pasada un homenaje, a pesar de haber sido demasiado pequeña para recordar todos aquellos momentos. Porque yo también viví en mi tierna infancia lo de tener sólo dos canales (estatales, que nosotros los catalanes ya teníamos el tv3). Recuerdo con cariño como mi madre planchaba rodilleras a los pantalones de los chándals y coderas a las sudaderas. Jugaba con canicas, a las gomas y a las palmas. Nuestra seguridad en las zonas de juegos era lo de menos: castillos de hierro de dos metros de alto y con cantos salidos con los que pillar el tétanus. Los bollicaos eran guays y sólo eran panecillos con chocolate en la punta. Odiaba mis chaquetas, con tantas hombreras que parecíamos jugadores de rugby. Los caramelos de menta a peseta y chicles a duro. Tantas y tantas cosas...

El tiempo pasa para todos. Para mi madre, para mí, para el mundo. Y por eso nos gusta recordar cómo fueron las cosas para saborear el ayer y deleitarnos con el hoy.

PS.- Qué potito... >.<

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Now playing: Death Cab for Cutie - Stability
via FoxyTunes

1 comentario:

  1. T'ha kedao una entrada muy correcta! ^^ Kuan vam nèixer TV 3 encara no existia! ^^

    Sensación de vivir... O Allí donde estés, siempre está, CCola! Y a mi q no m'ha agradat més q durant uns 4 anys...

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