viernes, 4 de septiembre de 2009

no tengo palabras para tus desmemoriados actos

Destrozas recuerdos con la pasmosa tranquilidad que te caracteriza. Aunque sé que lo haces sin querer y que no tienes intención de rematar lo que queda en mí que te quiere con locura, duele. Duele mucho. Duele demasiado. Duele porque para mí es importante, porque los recuerdos forman parte de mí y tú formas parte de ellos. Pasa el tiempo y alguno borra y los difumina todos. Ha difuminado la llamada que recibí de la Luna una tarde de diciembre hará ya más de doce años. Ha emborronado mis conversaciones trascendentales, las lágrimas que derramé, los actos con los que me amargué mi adolescencia.

A veces siento que no soy más que una puta muesca en el cabezal de tu cama. Y no, no lo he sido, pero detalles así me hacen pensarlo.

Sipe, soy una estúpida melancólica que sigue dándole más importancia al pasado que al presente. Pero las cosas son así y seguirán siéndolo hasta que me empiece a fallar la memoria.

Sinceramente, no quiero vivir sin mis recuerdos. Prefiero desaparecer junto a ellos.

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