domingo, 28 de marzo de 2010

Japón de andar por casa

Todo lo que sé de Japón es de segunda mano. Me suenan sus costumbres, su silabario e ideogramas (hiragana/katakana y kanjis), parte de sus costumbres, sus valores y alguna que otra migaja del rollo cultural, como algunas fiestas y su significado. Puedo poner en el mapamundi ciudades y accidentes geográficos japoneses, saber qué significa kawaii o gomen o porqué el señor Miyagi de Karate Kid decía aquello de Daniel-san. Sé que son elitistas, machistas, conservadores, estrictos, a veces muy cortos de miras. Leí no sé dónde que Japón es uno de los países con el mayor índice de suicidios (pongo uno de los links menos sensacionalistas que he encontrado googleando, y puedo asegurar que he encontrado unos cuantos...). Me enteré gracias a internet que tal es el nivel de fetichismo que hay que incluso existen expendedores de bragas ¿usadas? (2) para el regocijo de lo que ellos consideran pervertidos. Sé que Shibuya es uno de los barrios más conocidos de Tokyo, que en Akihabara puedes encontrar lo más freak que puedas imaginar, que si quieres geishas tienes que ir a Kyoto, qué es un salaryman, que últimamente usan palabras en francés o alemán porque lo encuentran mucho más exótico que el inglés (idioma que a pesar de estudiar como unos posesos apenas hablan...), que el deporte nacional es el béisbol, que a las telenovelas japonesas se les llama jdrama (o dorama). Sé que Utada Hikaru, una suerte de britnispirs japonesa, en realidad es de Nueva York. Sé quiénes son y cómo suenan las canciones de Hamasaki Ayumi o X-Japan. O que el aquí conocido como Humor Amarillo allí en realidad se llamaba Takeshi's Castle, porque lo dirigía el entonces humorista Kitano Takeshi. No nos olvidemos que son tan formales en lo del trato personal se refiere que tienen mil y una fórmulas de cortesía, con sus respectivos sufijos (-san, -kun, -chan, -chin, -sensei, -sempai, -sama, etc.).

Y sí, todo esto, todo lo que sé, la mayor parte lo he ido aprendiendo/deduciendo gracias a los mangas y los animes que han ido pasando por mis manos. También he aprendido gracias a "gurús" españoles que se jactan de ser grandes conocedores de todo lo que huele a nipón. ¡Ah! Y no olvidemos los dos días en que hicimos de "guías" para un matrimonio japonés que conoció una amiga en una conferencia en no sé donde, hará cosa de tres años.

Vamos, que mi conocimiento es muy de dominguero y mi perspectiva está completamente sesgada por este hecho, por el hecho de ser todo muy de segunda mano. Y aunque cueste de creer, no soy precisamente muy fan de Japón. La verdad es que me da cierta pereza la idea de ir a visitarla, básicamente porque encuentro ciertos paralelismos con la cultura de mis ancestros.

Diox! (o como se diría, kami-sama ^^U), definitivamente guardo en mi cabeza una vasta información inútil sobre ese lejano lugar....

Y para terminar, unos vídeos que recuerdo de mi época de otaku más activa xDDD

[El oha rock era tan absurdo que incluso llegábamos a imitar el baile para luego partirnos la caja. Ahora que lo pienso, seguramente estaríamos mega ridículos bailando esto...]



[Sí, de pequeña veía Sailor Moon. Me encantaba, así que cuando salió la versión live action 10 años después también la vi. Y sí, es tan horrible como pinta xDDD]



[No sé porqué, pero esta canción de Hikki me encanta]



[Esto es viejuno-viejuno, pero me gustaba mucho. Claro que entonces no teníamos el youtube y era algo dicífil de conseguir cosas así. Pero bueno, creo que para eso existía el salón del manga ^^U]

miércoles, 17 de marzo de 2010

sobre uve dobles y granadas

"Llevo días caminando mucho al ritmo impuesto por la música de mi iPod. Voy de arriba a abajo, de izquierda a derecha, con paso rápido y decidido. Siempre camino con rumbo, sabiendo exactamente a dónde quiero ir. Y eso es algo muy extraño en mí, persona dubitativa hasta extremos insospechados.

El sol de primavera se empieza a asentar tímidamente en el cielo, el cual descargó no hace nada fríos copos de nieve encima de una ciudad acostumbrada a temperaturas templadas por estas fechas. Bajo este sol perezoso pero resultón mi humor se eleva y me hace caminar. Me encanta caminar porque este acto tan automático me ayuda a pensar. Pienso en cosas triviales y banales, como por ejemplo en coches azules con una uve doble en el hocico delantero. Pienso en ciudades que de vez en cuando se cuelan en las conversaciones, propias y/o ajenas; ciudades desconocidas para mí pero que resultaron ser imprescindibles en el día a día para otras personas. Bueno, no sé porque me empeño en usar el plural cuando hablo de una persona en concreto...

Llevo días dándole vueltas al asunto. Resulta tremendamente estúpido por mi parte otorgarle importancia a una anécdota tan minúscula como es la uve doble, pero no puedo evitarlo. En mi cabeza se agolpan imágenes y sensaciones que van del desconcierto a la incredulidad (¿qué tipo de imágenes son así? xD) y me entran unas ganas enormes de quemar todos los coches de características similares. Y es que hay una parte irracional en mí que a veces me asusta un poco; suerte que por ahora no es más que ficción.

Lo curioso del asunto es que a la vez las uves dobles me llevan a viajar en el tiempo y hacer mi particular salto cuántico (Quantum Leap). Me intento meter en la piel de ella, intento imaginarme qué sentía y qué sintió en aquel lugar para mí exótico y lejano, ciudad del sur con nombre de fruta que a mí no me gusta demasiado...

A veces caminar me hace hacer unas relaciones de ideas de lo más curiosas. Pero bueno, es estimulante verme pensar en cosas que quizás tuvieron importancia en su día y que hoy no son más que agua pasada."


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Now playing: Jorge Drexler – De Amor Y De Casualidad
via FoxyTunes

sábado, 6 de marzo de 2010

en el bus

"Subo al bus y saludo con un escueto buenas al conductor. Como no tengo la targeta a mano, busco en mis bolsillos y saco el monedero; efectivamente, me he quedado sin viajes. A pesar de considerar que el transporte público es condenadamente caro sigo pagando religiosamente: 1,40 euros por un billete sencillo. Genial.

El bus está medio vacío (o medio lleno) pero en el fondo del mismo no hay nadie. Me gusta sentarme al fondo, ponerme los auriculares y escuchar de un tirón cualquier CD que tengo en mi reproductor de música. A veces me da por leer, y eso que me suelo marear, pero hoy no tengo más que apuntes y no me apetece estudiar cómo se mide la eficiencia de un procesador respecto a otro.

Ante mí hay casi una hora de viaje hasta el centro de la ciudad. Nunca me he parado a pensar en el número de paradas que tengo hasta llegar a mi destino pero seguramente ronda la veintena; casi una hora de viaje y si tengo suerte, unos tres cuartos de hora.

Me gusta mirar por la ventana. Me gusta mirar los edificios, los carteles, los balcones, las ventanas. Me gusta mirar el cielo azul, las nubes, las sombras que se proyectan el el suelo. Me gusta ver los árboles, los parques, los coches y las motos. A veces me entretengo con los carteles y me pregunto ingénuamente porqué en la mayoría de ellos se pueden admirar cuerpos jóvenes y bien esculpidos con muy poca ropa.

Lo que no suelo hacer es fijarme en la gente. No sé, sonará absurdo, pero si lo hago tengo la sensación de invadir su intimidad. Aunque a veces no puedo evitarlo, sobre todo cuando se trata de gente muy joven (niñatos, como suelo llamarlos), porque siempre se hacen notar.

El bus que suelo coger se llena de un grupo de chicas que rondan los dieciséis años cuando llegamos a la quinta o sexta parada. Me hace gracia porque su comportamiento me hace pensar en un concepto/idea últimamente oigo mucho: "niños de la democracia". Niños y jóvenes que no han pasado hambre, que no se van de casa porque viven muy bien con sus padres, que tienen un complejo peterpanesco y pueril que parece que no llegará jamas a su fin, irresponsables e irrespetuosos con los demás; gente que se cree con derecho a todo y sin ningún deber.

Maldita sea... Yo soy/era uno de esos energúmenos. Era/soy consciente de ello. Intento recordar cómo era a los dieciséis y sonrío. Yo también fuí una niñata. A veces pienso que sigo siéndolo...

Llegamos a la zona universitaria. Hoy no tengo clase. Suspiro aliviada. Mis tripas entonces rugen pero el sonido del motor lo amortigua. Tengo hambre, son casi las tres de la tarde y lo último que me llevé a la boca fue un triste plátano hará ya unas dos horas y media. Las niñatas siguen con su conversación estúpida, la cual no escucho porque vuelvo a tener el mp3 a todo trapo. Eso sí, entre canción y canción puedo cazar frases sueltas que son fáciles de contextualizar: fiestas, clase, amigos, novios...

Mi mente vuelve a dar palos de ciego y de pronto me veo pensando es cómo serán estas chicas dentro de cinco o diez años. Seguramente no se acordarán de estos instantes ni de esas conversaciones, seguramente si se acuerdan de ellas lo achacarán a la edad. Quizás hayan evolucionado, quizás ya no serán niñatas malcriadas (sí, prejuzgo de mala manera).

Quizás piensen en más o menos lo mismo que yo cuando estén en el bus volviendo de trabajar y tengan delante a unos niñatos con los mismos aires de superioridad y conversación frívola.

Y vuelvo a sonreír: cómo pasa el tiempo... Definitivamente me estoy haciendo vieja para según qué cosas."