domingo, 11 de mayo de 2014

Con la carta de renuncia en la mano

"Como ya hice hará unos años cuando dejé mi primer trabajo de informática por cansancio y hartazgo, el viernes mismo anuncié que estaba hasta los huevos del trabajo y que me largaba. Y es curioso dar un paso como éste con los tiempos que corren en este país: con un paro que ronda el veinticinco por ciento de la población activa una cosa así no ocurre con demasiada frecuencia. También es verdad que no tengo en estos momentos nada que perder porque mis responsabilidades económicas no me aprietan demasiado. Vamos, que puedo hacerlo sin demasiados miedos porque en principio me lo puedo permitir.

Total, que el viernes a primera hora anuncio a mis compañeros de departamento mi decisión y es entonces cuando se produce la hecatombe: resulta que soy una pieza fundamental de la infrastructura futura de la empresa y que sin mí se puede hundir el barco. Qué bien, qué buena noticia. Y entonces me asaltan las dudas porque no todos los días le dicen a uno que su trabajo es valorado y que se le piensa dar un peso importante de aquí en adelante.

Joer, lo podrían haber hecho antes, porque ahora no me vale.

Llevo casi un año en esa empresa. Me decidí por ella por necesidad y como parte de un reto personal pero ahora me siento desalineada con su rumbo. Así se lo hice saber al equipo y al mandamás y se armó la marimorena. Es curioso, porque no soy la única persona que estaba descontenta con el rumbo, pero sí he sido la primera persona en anunciar su marcha por ese motivo. Qué cosas...

¿Y ahora qué? Pues que no sé qué haré, pero bueno, algo surgirá :)"