No consigo recordar cuándo la realidad que me rodeaba y que me protegía del exterior se hizo añicos para dar paso a un mundo lleno de desilusiones, malas caras y verdades que habían sido en otros tiempos mentiras. Lo que sí conservo de ese momento tan confuso y oscuro es la sensación de soledad que dejó en mi alma. De pronto estaba completamente sola; las personas que yo creía conocer no eran más que una mera ilusión. O eso fue lo que me empeñé en creer.
Los años me han enseñado que NUNCA he estado sola.
Del mismo modo que he querido, he sido querida. Me ha costado lo mío darme cuenta de ello pero al fin empiezo a ver las cosas tal y como son.
"Todo fluye, nada permanece". Que una persona ya no forme parte de mi vida no significa forzosamente que la haya olvidado. Y seguramente será recíproco; seguramente habrá alguien que me recuerde con cariño.
Esta última semana me ha hecho reflexionar. Me sentía terriblemente cansada de la soledad que inconscientemente me había autoimpuesto sin saberlo y todo de golpe se había vuelto gris. Si no hubiese sido por todas y cada una de las personas que me animaron y apoyaron, seguramente me hubiese hundido aún más y más. A todos ellos, muchas gracias.
lunes, 20 de diciembre de 2004
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