Empecé a tocar la guitarra a los trece o catorce años. La verdad es que no recuerdo muy bien el porqué, pero de la noche a la mañana empecé a hacer un poco el tonto con ella. Claro que también tenía el dibujo, patinar y escribir, así que la música se convirtió en un hobby más.
Estuve tonteando con acordes y ritmos simples durante unos tres años. Mi mundo se centraba entonces en otras cosas y la poesía se había hecho un hueco muy importante. Pero entonces vi tocar a Martí, un compañero de clase y aluciné. "Quiero tocar así", me dije a mí misma. Así fue como, con casi dieciocho años, empecé a tomarme un poco más en serio lo de tocar la guitarra. Mis gustos musicales también cambiaron; comencé a mirar con buenos ojos a los grupos clásicos de rock, aquellos que antes no me interesaban en absoluto porque no salían en Los 40 Principales y no estaban de moda. ¡Qué contenta estoy ahora de todo eso! The Beatles, The Doors, Led Zeppelin, Santana... ¡Ah! Y también U2, Nirvana, Oasis, Muse... Aunque a veces escuche The Corrs, Alejandro Sanz o La Oreja de Van Gogh, mis preferencias sobre música han ido evolucionando (diox! sueno tan pedante...)
Mi objetivo ahora mismo es aprender escalas y ritmos. Las pentatónicas mayores y menores ya las tengo aprendidas (más o menos) y ya empiezo a tocar cosas más decentes. Todo un logro.
Lástima que no sepa cantar...
jueves, 9 de junio de 2005
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario