Es extraño despojarte de una parte tan importante, de algo que uno considera necesario para seguir adelante. Después de tantas tentativas, de tantas vueltas, al final ella ha cedido; se ha rendido. O cansado de esto, no sé.
Su apatía se ha unido a la mía propia. O quizás yo le he contagiado mi pesimismo. Porque me sorprende que esto haya pasado después de una época de vacas gordas. ¿Realmente se había perdido la pasión? ¿O la rutina se había apoderado de nuestra existencia? No lo sé.
Porque esto realmente era una muerte anunciada (si lees esto, comprenderás que a pesar de lo dicho, me sigo preocupando por tí y yo comprenderé que tú lo estás por mí). Pero quizás sea en el fondo sólo un estado comatoso, quién sabe.
Quiero hablar con más calma, con más cabeza y menos corazón. Porque sino me pondría a llorar como la niña que en el fondo soy. Quiero saber si esto es lo que yo quiero, lo que debe ser.
Espero que, en caso contrario, no me haya cavado mi propia tumba.
lunes, 10 de septiembre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario