Incapaz de hilar un discurso propio pero con un constante zumbido alejándome del silencio interior, la edad ha hecho que ya no pueda escribir lo que pienso, lo que siento y lo que soy. Me pierdo en un mar de instantes vacíos, de juegos insulsos, de entretenimientos baratos y de jornadas laborales que me desquician minuto a minuto. Soy una persona adulta, ¿acaso ya tengo el camino hecho y por eso he dejado de lado mi peterpanismo crónico? No creo que sea eso lo que esté sucediendo. ¿Insatisfacción vital? Podría, sí. Porque me siento desquiciada, más perdida que hace cinco años. Malditos complejos... ¿o debería echarle la culpa a otras cosas? ¿Debería cagarme en la ceguera de la gente? Quizás en la mía propia, por querer que ciertas injusticias cotidianas desaparezcan de mi alrededor. Porque ahora mismo lo que más me molesta es eso, el saberme incomprensible, diciendo cosas que los demás no quieren ni escuchar siquiera.
Vaya, vuelvo a divagar, a perder el hilo con tanta grandilocuencia barata. En el fondo este blog no es más que eso, mi manera de no perder la cordura. ¿O quiero lo contrario, zambullirme en el caos? Bah, es igual, en el fondo es lo mismo.
Por cierto, ahora no recuerdo porque he empezado a escribir todo esto...
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