Érase una vez una niña que tropezó con una piedra mientras caminaba por el sendero del bosque. La niña se hizo daño en la cabeza, pero se levantó y siguió caminando. A la vuelta, volvió a tropezar con la misma piedra y volvió a hacerse daño; esta vez en el brazo.
Y pasaron los días y la niña volvía a tropezar cada vez que pasaba por aquel sendero. Hasta que un día se hartó de tropezar y decidió ir por otro camino, uno que rodeaba el bosque y que era un poco más largo. Caminando, se encontró con una piedra resplandeciente; una piedra brillante y preciosa. Y la niña se la guardó en el bolsillo, porque le gustaba mucho. Era una piedra especial y ella esperaba que le diera suerte.
Pasaron los días y los meses y la niña era feliz cada vez que caminaba por aquel camino que le había regalado la piedra. Pero, un día, la piedra cayó de su bolsillo y la niña tropezó con la piedra preciosa, con su pequeño tesoro. Y lloró.
Y el cuento se acabó. O quizás no... Quizás la próxima vez, la niña no volverá a tropezar porque la piedra se la habrá llevado otra persona. Nunca se sabe...
sábado, 8 de enero de 2005
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